Soltando

En medio de este torbellino, he podido darme cuenta que los momentos de felicidad absoluta son muy cortos y tal vez por eso nos aferramos tanto a los recuerdos, a esos momentos que nos llenan el alma; los que nos hacen perder la noción del tiempo y los que dejan un huella.

Estos recuerdos, estas huellas, son puntos en nuestra vida que nos sirven como referencia de lo que alguna vez fuimos o vivimos. Estos puntos siempre marcan un antes y un después en nuestra vida y ocasiones queremos retroceder para reconstruirlos nuevamente. Al retroceder entramos en un conflicto interno – luchando por soltar y luchando por conservar un pedacito de aquel recuerdo.

Permanecemos congelados en el tiempo y sin darnos cuenta nos hacemos daño, ya que seguimos avanzando por la vida con las esperanzas de ayer, las promesas que quedaron en el aire, con puntos suspensivos y con aquellos recuerdos que parecen casi imposible de borrar. Nos aferramos por la vida a esta recolección de recuerdos y nos sumergimos en esos momentos para sentirnos nuevamente en “casa”, pero entre mas nos aferramos a ellos, nos damos cuenta que ya no somos la misma persona.

Tal vez nuestro corazoncito siga bombeando con el recuerdo del ayer, pero algo en nuestro presente nos hala hacia adelante, obligandonos a sentir y entrar en las profundidades de nuestro ser para tocar aquellas heridas que aun siguen abiertas y nos siguen enganchando nuevamente al pasado.

A veces no son los recuerdos, sino las heridas que aun tenemos pendientes por atender. Ellas se reactivan cuando visitamos los recuerdos, y por lo tanto mas que dejar ir los recuerdos, es tener la valentía de abrir nuevamente las heridas para sanarlas de manera distinta.

 

Te Veo

Conoces a alguien que te mira y te siente. Es capaz de ver y sentir tus inseguridades y temores. Puede ver tú fortaleza y tu debilidad. Puede ver a través de ti y de tus paredes.

Estas personas no te tocan la piel, te tocan el alma. Estas personas llegan cuando menos piensas y llegan para enseñarte. Tal vez habías olvidado algo de ti, y ellos te lo recuerdan; ya sea sacando a relucir tu sombra o tu grandeza. Estas personas llegan para ayudarte abrir nuevamente tu corazón.

Estas personas no siempre permanecen a tu lado, ellas simplemente fueran enviadas para ayudarte a despejar el camino y aclararte por dentro.

Al entrar en contacto con estas personas te das cuenta que al igual que ellos, tu también tienes algo por enseñarles. Ambos invierten mutuamente y descubres que a veces las conexiones menos esperadas son las mas significativas.

Encuentros y desencuentros, de esto se trata la vida. Encontrar -nos primero, para luego encontrarnos con el otro. 

 

¿Por donde Empezar?

Un día leí, que si quieres sanar, empieza por perdonarte a ti mismo. Esta frase me gusto pero también la puse en duda porque la verdad me costo reconocer en que necesito perdonarme. Lo primero que se me vino a la mente fueron relaciones pasadas y lo que había permitido y hecho durante ellas. Tal vez un proceso de sanación se inicia por reconocer las veces en las que nos hemos negado expresar nuestros sentimientos, las veces que hemos lastimado nuestro cuerpo con hábitos o palabras hirientes.

Mas allá de lo que hemos hecho, es lo que hemos guardado, negado y permitido. Muchas de estas decisiones han dejado secuelas que se van agrandando con el paso del tiempo. A medida que se agrandan nuestro juicio interno también, y terminamos convirtiéndonos en nuestras peores enemigas. Mientras complacemos a los demás por fuera, por dentro nos estamos quitando el derecho a vivir y sentir plenamente. Esta incongruencia tarde o temprano nos obliga hacer un chequeo interno (literal), para empezar de nuevo.

Empezamos a revisar lo que estamos haciendo y como nos esta afectando – ya sean hábitos alimenticios, relaciones, o simplemente nuestra forma de relacionarnos con los demás. Sanar va mas allá de nuestro cuerpo, no basta con tomarnos los jugos cada mañana y dar abrazos. También necesitamos ser honestas y reconocer el tipo de dialogo que estamos manejando, las creencias que hemos construido y el ruido externo que hemos interiorizado como el nuestro. A veces nos maltratamos internamente y permitimos que avancen situaciones, y como consecuencia nuestro cuerpo nos empieza a pasar factura.

Mas que buscar la solución perfecta para “sanar internamente”, es poder dar un paso hacia adelante para conocernos mas e invertir en lo que es verdaderamente importante para NOSOTRAS.

No siempre tenemos que tener nuestra vida en orden y marchando divinamente, pero si podemos elegir todos los días hacer algo que nos conecte y centre, y así poder seguir dando pequeños pasos que nos permita mantener enfocadas en nuestro bienestar.

Déjà vu

A veces nos preguntamos si el tipo de amor que damos es el correcto o si el que esperamos o “merecemos” vendrá algún día.

Cuando dejamos a un lado nuestros juicios, los “debería”, los miedos, las huellas del pasado y las expectativas, nos permitimos recibir y dar sin agenda.

Está permitido cometer errores, cerrar nuestro corazón por un tiempo y silenciar el ruido externo. Lo que no está permitido es caer en falsas ideas de amor, aceptar un amor a medias, apegarse a lo que se conoce y silenciar nuestra voz interna.

Hay experiencias que nos sacuden y mueven el piso cuando menos lo pensamos. Estas experiencias nos hacen girar en un segundo y nos obligan a entrar en la parte más profunda de nuestro ser para explorar esos miedos y limitaciones que nos hemos puesto para no entregarnos por completo.

A veces, en medio del caos emocional, comenzamos a encontrar las pequeñas partes que hemos dejado atrás. Comenzamos a conocernos de nuevo, como si abrieramos lentamente una caja y encontráramos nuestra muñeca favorita: nos llena de recuerdos y nos lleva a esos momentos especiales en los que eramos una persona diferente. No todo lo que encontramos es necesario para el momento en el que estamos ahora, pero nos permite recuperar lo que nos dio color y energía a nuestra vida.

Tal vez volvamos a lecturas pasadas, deportes, pasatiempos, etc. Cuando comenzamos a unir estas piezas con la persona que somos ahora, ¡algo hace clic! Y ahí es donde comenzamos a sacudir (lentamente) lo que hemos puesto como accesorio. Tal vez empezamos actuar de manera diferente y nos sentimos algo desconectadas. Es como volver a encontrarte con alguien y no saber por dónde empezar!

Este proceso de limpieza comienza a aclarar el panorama, comenzamos a ver las cosas y las personas como son: cuanto más honestos estemos con nosotras mismas, más veremos a los demás. Tal vez nos lleve a una nueva persona, nos lleve a reconectarnos con el pasado, o quizás nos lleve a cerrar un capítulo que ya no da para más.

El amor que buscamos también nos busca, pero solo lo veremos cuando eliminemos las capas que nos impiden acercarnos a él. Necesitamos despejar nuestro camino para ver  lo que está alineado con nosotras.

Hay amores que se van, otros que llegan y otros que regresan.

Y con un camino claro sabremos a que y a quién darle paso.

A Toda Luz

El pasado nunca queda pisado, mas bien aprendemos a regularlo y mantenerlo en orden para que no nos afecte el presente.

Tenemos muchos hábitos que repetimos y se han convertido casi en nuestra identidad. Los hacemos tanto que nos empezamos a identificar como ellos. Es como si anularamos quienes somos y nos colocaramos una etiqueta para excusarnos de aquello que no queremos hacer, afrontar o decir.

“Es que así soy yo”.

A medida que seguimos avanzando por la vida llevamos estas mascaras y creamos situaciones en donde decimos “siempre me pasa lo mismo”. Pero si tan solo hicieramos una pausa para reflexionar acerca de nuestro dialogo interno y forma en la que nos proyectamos frente al otro, tal vez podríamos ver que hemos creado la situación de acorde a las creencias que tenemos de nosotros mismos.

Erradicar un patrón o pensamiento de años en tan solo una semana es una misión casi imposible, porque para poder reemplazar ese pensamiento pasado necesitamos de nuevos estímulos y experiencias que nos permita crear conexiones que nos despierte nuevos pensamientos. Es decir, crear un nuevo terreno, reprogramar nuestro chip interno – actualizarnos y estimularnos EMOCIONALMENTE. 

Para entender la repetición del patrón es necesario echar una mirada hacia adentro para identificar las situaciones que nos ha llevado a crear ese hábito o mas bien esa “mascara”.

Todos hemos tenido momentos en la vida que nos han marcado y a veces han sido situaciones que hemos pasado por alto porque enfrentarlas nos cuesta o nos “quita” tiempo de nuestra ocupada vida. Estas pequeñas situaciones permanecen dentro de nosotros y comienzan a manifestarse en diferentes planos. Se empiezan a ver reflejadas en las relaciones que establecemos y los hábitos que creamos.

Sino no somos conscientes del patrón que estamos repitiendo, este sera reforzado cada vez que una situación ocurra. Es decir, nuestra ignorancia nos convierte en esclavos del hábito.

Cuando empezamos a sentir incomodidad por las situaciones que estamos viviendo significa que algo dentro de nosotros esta cambiando. El cambio asusta porque implica caminar sobre algo que desconocemos. Al sentir esta incomodidad empezamos a buscar rutas nuevas, pero por lo general las buscamos afuera y no desde adentro.

Resulta que cuando buscamos este cambio afuera, tarde o temprano volveremos al mismo punto, porque el cambio debe partir desde adentro para derrumbar las paredes que nos hemos puesto y dejar que nuestra chispita nos ilumine nuevamente. Llegar a nuestro centro significa abandonar la manera en la que llevamos nuestro día, en la forma en la que nos hablamos, abandonar ciertas rutinas, trabajos, proyectos … y personas.

Esto asusta, y demasiado!  

y a veces sientes como si te estuvieras enloqueciendo. 

En la medida que vamos entendiendo de donde vienen estas limitaciones, empezamos a tratarnos diferente y ver las situaciones desde otro punto. Esto nos permite elegir nuevamente pero con otro pensamiento.

A veces buscamos las mismas situaciones inconscientemente porque estamos muy aferrados a lo conocido.

Nuestro proceso nunca sera recto y con cada experiencia vamos desarrollando nuevas habilidades para afrontar ciertas situaciones. Cuando nos exponemos a nuevos retos físicos y emocionales nuestro sistema interno empieza a trabajar diferente, a veces busca la comodidad (el pasado) o elige una nueva postura. La decisión siempre esta en nuestras manos y tarde o temprano empezamos a ver a toda luz en donde nos estamos limitando.

Las mascaras nos mantienen sujetas al pasado, pero la vulnerabilidad nos desviste lentamente de ellas. 

Imagen editada por: Rachael Day @Rachday_

Desempolvando Palabras

Todo lo que callamos y nos negamos a expresar empieza a reflejarse en nuestros comportamientos y cuerpo. A veces permitimos que pase el tiempo hasta que la vida nos confronta con algo mayor.

Nuestras palabras tienen poder.

Podemos crear y sanar a través de la palabra, y también podemos destruir(nos) y herir(nos). Las palabras tienen su propia identidad y vibración y cuando las guardamos podemos hacernos daño. Nos vamos acumulando de palabras y conversaciones que dejamos pendientes, o que simplemente no supimos como expresar en el momento. Mas allá de las palabras que nos quedan flotando por dentro, son las emociones vinculadas a los recuerdos que nos empiezan afectar.

Callamos, guardamos y acumulamos.

Callamos por temor.

Callamos por orgullo.

Empezamos a proyectar en el otro lo que no somos capaces de afrontar dentro de nosotros mismos. Guardamos silencio cuando por dentro estamos gritando. A veces gritamos pidiendo ayuda para sobrellevar un duelo, pero lo manifestamos alejándonos de los demás. Gritamos en silencio pidiendo comprensión pero preferimos huir. Necesitamos del otro pero lo demostramos con indiferencia y frialdad.

Preferimos colocarnos velos y mascaras para protegernos, cuando en realidad nos hacemos daño, y como consecuencia lastimamos a otros. Pero resulta que cuando ponemos a un lado nuestra niña rebelde y dejamos hablar a nuestro corazón, aflora lo que en realidad sentimos. Empezamos a soltar lo que hemos acumulado y nos exponemos frente al otro sin censura y sin marcha atrás.

Comenzamos a expresar lo que sentimos; y lentamente comenzamos a despojarnos del miedo, la duda, el juicio y el orgullo.

Empezamos a sanar, romper cadenas y crear espacio para un nuevo comienzo. Nos permitimos florecer nuevamente desde adentro, paso a paso y sin afán.

Hay palabras que nos liberan y otras que nos mantienen atrapadas. Cuando comenzamos a fluir con ellas, nos damos cuenta que podemos escribir una historia diferente. La cual nos permite sanar, liberar y resignificar nuestras experiencias.

Las historias que vamos tejiendo a lo largo de nuestra vida marcan un antes y un después, un pasado y un presente. Lo que determina el próximo capítulo es nuestra capacidad de volver a leer esos capítulos y darle un giro a nuestra historia para crear un capítulo completamente diferente al que estábamos acostumbradas.

Nuestras historias florecen y se marchitan dependiendo de qué tan bien hemos integrado las lecciones anteriores. Lo que queremos ver florecer con vida y color puede tomar más tiempo de lo que pensamos, a veces tenemos que pasar por temporadas nebulosas para aclarar, organizar y transformar nuestro diálogo interno. En el momento en que comenzamos a limpiarnos desde adentro, podemos comunicarnos con más claridad. Las palabras se pueden usar para decorar una situación, destruirla o enmendarla.

Así como el mar tiene días donde la marea es alta y otros días baja, nosotras también.

Hay días en que somos expresivas o explosivas y otros días calmadas y receptivas.

Somos un mar de emociones.

Somos cíclicas como la luna.

A veces mostramos toda nuestra luz y otras veces la ocultamos para recargarnos y protegernos.

Imagen editada por: Rachael Day @Rachday_

Atadura

A menudo pensamos que los prisioneros son los únicos tras las rejas, pero de hecho, también somos prisioneros de muchas maneras. Cuando miramos hacia adentro, empezamos a identificar pensamientos que nos limitan y asustan. Creamos separación entre los que somos (o pensamos que somos) y el mundo. Nos encerramos entre rejas llamadas inseguridades, dudas, juicios, traumas, temor y negación.

Algunos de estos pensamientos se ven reforzados por nuestros comportamientos e interacciones cotidianas con los demás. Estos pensamientos tienden a crecer, y con el tiempo crean un desequilibrio dentro de nosotros que bloquea nuestra capacidad de creer y crear una realidad diferente. Nos convertimos en prisioneros de nuestros propios pensamientos, y luego nos preguntamos, ¿cuándo va a terminar esto?

La verdad es que nos limitamos porque queremos. Hay una sensación de seguridad cuando elegimos repetir comportamientos y patrones; es familiar y se siente cómodo. Para salir de esta prisión mental, necesitamos reconocer nuestras fortalezas y confiar en que sea lo que sea que estamos pasando, hay una salida, pero no cómo lo esperamos. La única salida es pensar y actuar de manera diferente a lo que estamos acostumbrados. A esto se le llama crecimiento.

El crecimiento no viene de un lugar cómodo. La verdad detrás del crecimiento es que nace de una incomodidad que se hace tan grande que te obliga empezar a elegir diferente. Te obliga a soltar lo que te amarra y te desafía a un nuevo comienzo.

El crecimiento tiene momentos de felicidad y triunfo, pero también tiene momentos de soledad y duelo. A veces tenemos que dar un paso atrás y entender que algunas partes de nuestra historia han llegado a su fin, y esto puede ser difícil de procesar y aceptar, especialmente si esas partes han dejado una marca en nuestra vida. Estas partes de nuestra historia siempre se llevarán en nuestros corazones y la lección siempre permanecerá, pero los nuevos caminos requieren una nueva mentalidad y esto nos motiva a creer que nuestro camino tal vez puede ser diferente. Este nuevo camino solo se hace posible cuando empezamos a ser congruentes con lo que sentimos, decimos y hacemos.

Este crecimiento nos saca de nuestra prisión mental; donde nuestras dudas ya no nos controlan, sino que nos impulsan a encontrar nuevas formas de enfrentarlas.